Denunció que la amenazaba en el domicilio familiar a la misma hora que él estaba trabajando en una obra: Condenada por enviar a un hombre inocente al calabozo para quedarse con la vivienda

Hay coartadas que no dejan lugar a dudas. Para nuestro cliente, la pesadilla comenzó un domingo por la tarde, cuando la Policía Nacional se presentó para detenerle. De golpe, pasó de ser un ciudadano anónimo a dormir en un calabozo, señalado bajo la gravísima etiqueta de maltratador. Su exmujer había acudido a comisaría asegurando que, semanas atrás, él había irrumpido en la vivienda familiar profiriendo amenazas de muerte: «Tú no vas a poner un pie más ahí, o lo quemo o te parto la cabeza».

Sin embargo, todo era una ficción. Una mentira diseñada con una frialdad calculadora para ganar ventaja en los tribunales, que además denunció meses mas tarde.

La fecha de la denuncia no fue elegida al azar. La acusada la interpuso sabiendo perfectamente que, al día siguiente (lunes), ambos tenían un juicio civil decisivo sobre la modificación de medidas y el uso de la vivienda. El objetivo era perverso pero claro: lograr la detención de su exmarido para que no pudiera asistir a la vista, paralizar el proceso y presentarse ella como una víctima en peligro. Y lo consiguió esa noche: él durmió entre rejas y el juicio civil tuvo que suspenderse.

Mientras él sufría la angustia y la vergüenza de la detención, la verdad esperaba para salir a la luz. En el juicio penal, nuestra defensa desmontó el montaje con un dato demoledor: el día y la hora exactos en que ella juraba estar siendo amenazada en el domicilio (entre las 18:30 y las 19:30), él estaba trabajando en una obra.

Los testimonios del encargado de la construcción y de sus compañeros fueron irrefutables. Nuestro cliente no estaba gritando amenazas en la vivienda; estaba trabajando a destajo, cumpliendo su jornada laboral desde las 15:00 hasta las 20:45 horas. La imposibilidad física de estar poniendo ladrillos y amenazando a su exmujer al mismo tiempo hizo que la mentira cayera por su propio peso.

El Juzgado de lo Penal ha sido contundente. La mujer ha sido condenada como autora de un delito de denuncia falsa. La sentencia no solo le impone una pena de multa de 12 meses, sino que reconoce el daño irreparable causado.

El fallo la obliga a indemnizar a nuestro cliente con 3.000 euros por daños morales, compensando el sufrimiento de haber pasado una noche privado de libertad por un delito que jamás cometió. Además, deberá pagar todos los gastos de la defensa jurídica de su exmarido. Se ha hecho justicia: quien quiso usar la ley para destruir a un inocente, ha terminado condenada por ella.

En RIVERIEGO ABOGADOS sabemos que una denuncia falsa es un estigma que puede arruinar tu vida personal y laboral. Este caso demuestra que, frente a las mentiras, la mejor defensa es una investigación rigurosa y experta. Hemos logrado limpiar el nombre de este trabajador y que quien lo acusó falsamente pague por ello. Si estás viviendo una injusticia y sientes que nadie te cree, nosotros seremos tu voz y tu escudo.